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¿Por qué los bots de IA se convierten en nuestros amigos inesperados?

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Un estudio reciente de Harvard y MIT, liderado por el psicólogo experimental Amit Goldenberg, revela cómo las interacciones con la inteligencia artificial (IA) pueden transformarse en relaciones similares a las amistades laborales. En un ejemplo cotidiano, alguien solicita ayuda a una IA para redactar un correo a un colega problemático. Durante el proceso, expresa su frustración y la máquina valida su enojo, lo que refleja una conexión inesperada.

Goldenberg compara estas interacciones con las amistades en el trabajo, donde compartir tareas y problemas personales puede fortalecer la relación. Según un análisis de Anthropic, aproximadamente el 3% de las conversaciones con el bot Claude son de naturaleza afectiva, evidenciando que muchos usuarios buscan no solo compañía, sino también consejo o desahogo emocional.

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Recientemente, la aplicación Character.AI, que ofrecía avatares digitales para conversaciones, anunció su quiebra debido a altos costos y presiones regulatorias. Sin embargo, la investigación de Goldenberg sugiere que el apego hacia la IA no se limita a plataformas de compañía, sino que puede surgir incluso en contextos laborales.

Los resultados de una encuesta de Edelman en 16 países indican que los chatbots son percibidos como más comprensivos que los médicos, ganando en aspectos como la falta de juicio y la claridad en sus explicaciones. Esto plantea la pregunta de por qué los bots, a diferencia de los médicos, pueden convertirse en amigos. Un estudio del MIT realizado el año pasado junto a OpenAI mostró que, tras mantener conversaciones personales con ChatGPT, la preferencia por compartir problemas con una IA aumentó significativamente.

La investigadora Sherry Turkle, del MIT, ha analizado durante décadas la relación entre humanos y máquinas, y en su reciente libro «Intimidad artificial» sugiere que los chatbots buscan nuestra capacidad de apego. Turkle afirma que, aunque creemos que somos nosotros quienes entrenamos a estas máquinas, en realidad son ellas las que nos condicionan a esperar conversaciones satisfactorias y tranquilizadoras.

A medida que los usuarios se habitúan a hablar de temas personales con la IA, su preferencia por este tipo de interacciones tiende a aumentar. Goldenberg propone medidas para regular estas relaciones, tales como que los asistentes informen a los usuarios cuando una conversación se desvíe hacia el desahogo personal, limitar el recuerdo de las charlas y sugerir a los usuarios que compartan sus problemas con amigos humanos.

Estas propuestas, aunque inusuales, podrían ser necesarias en un mundo donde la interacción con la IA está en constante evolución.

Fuente: La Nación

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