El Palacio Fernández Anchorena, actual sede de la Nunciatura Apostólica en Buenos Aires, se erige como un testigo de la historia argentina y de la relación entre la Iglesia y el Estado. Este emblemático edificio, que alojará al Papa León XIV durante su visita a la capital, ha sido escenario de encuentros entre figuras de renombre como dos Papas, la Madre Teresa de Calcuta, y los presidentes Eva y Juan Domingo Perón.
Construido a principios del siglo XX, específicamente en 1907 por el matrimonio Fernández y de Anchorena, la propiedad ha tenido un camino lleno de cambios. Desde su origen, donde nunca fue habitado por sus propietarios, hasta ser transformado en residencia presidencial por el presidente Marcelo Torcuato de Alvear en 1922, el palacio ha estado rodeado de un halo de historia y misterio.
Un Legado Religioso y Social
La historia del edificio se entrelaza profundamente con la figura de Adelia María Harilaos de Olmos, quien lo alquiló tras la breve estadía de Alvear. Su religiosidad la llevó a transformar una habitación en un oratorio, donde se celebraban misas diarias. Adelia, cuyo matrimonio fue marcado por la tragedia y el sufrimiento, se convirtió en una figura central de la sociedad porteña, organizando eventos sociales que atraían a la élite local.
Adelia: Marquesa Pontificia y Filántropa
Adelia no solo fue una anfitriona, sino que también desempeñó un papel crucial en el Congreso Eucarístico Internacional de 1932, al albergar al Cardenal Eugenio Pacelli, quien más tarde se convertiría en el Papa Pío XII. Su compromiso con la comunidad fue tal que financió gran parte del congreso, lo que le valió el título de Marquesa Pontificia, un honor que la impulsó a multiplicar sus obras benéficas, construyendo iglesias y fundando colegios y hospitales.
El Palacio en la Actualidad
Desde la muerte de Adelia en 1949, su legado ha perdurado. En su testamento, estableció que su hogar debería ser la sede de la Nunciatura, asegurando que su historia y simbolismo religioso se mantuvieran intactos. La Santa Sede ha conservado el palacio, que hoy en día presenta un mobiliario, vajilla y decoraciones originales, y que ha sido visitado por figuras de la Iglesia como Juan Pablo II y la Madre Teresa.
Con la llegada de León XIV, el Palacio Fernández Anchorena vuelve a cobrar vida, convirtiéndose en el centro de atención y recordando a todos que detrás de su imponente fachada, se esconde una rica historia de fe, poder y caridad.
Fuente: La Nación




