Silvana Aiello y Jorge Stelrrig han encontrado en una chacra de tres hectáreas, situada en el límite entre Centenario y Vista Alegre, una forma de vida que rinde homenaje a su legado familiar. Este espacio, que Silvana heredó de su padre, representa un vínculo profundo con la tierra, la fruticultura y la historia de su familia en la región del lago Pellegrini.
A pesar de sus exigentes trabajos en el ámbito educativo, donde Silvana se desempeña como secretaria en la EPET N° 2 y Jorge trabaja en el Distrito de Educación N° 6, la pareja dedica sus tardes y fines de semana al cuidado de animales, el cultivo de alfalfa y diversos proyectos productivos. Este regreso a la chacra no solo es un deseo personal, sino que también sigue el mandato familiar de aprovechar cualquier porción de tierra disponible.
La historia de su hogar comenzó modestamente, con la acumulación de materiales como cemento, hierro y ladrillos, lo que les permitió construir su vivienda a lo largo de los años. La pareja se conoció hace 19 años en la puerta del colegio de sus hijos, compartiendo un pasado chacarero y el deseo de reconectar con la vida rural.
Un legado de esfuerzo y resiliencia
La chacra que heredaron no llegó en condiciones óptimas; anteriormente, la familia Aiello había cosechado manzanas y peras, pero las malas temporadas y la falta de capital llevaron a la desaparición de los frutales. Silvana recuerda con tristeza la imagen de los árboles arrancados y el vacío que dejó la tierra sin cultivar. Sin embargo, su padre, Ricardo, encontró nuevas formas de trabajo a través de la mecánica y la cría de animales. «Nunca tuvieron ayuda, se manejaron siempre como pudieron», señala Silvana.
Con la muerte de su padre, Silvana decidió continuar con el legado familiar, afirmando: “Si tenés un pedazo de tierra, tenés que trabajarlo”. A pesar de las dificultades, siente una profunda conexión con esta vida y expresa: “Me encanta”.
Un nuevo enfoque en la producción
La realidad económica de la familia ha cambiado. Ahora, Silvana y Jorge utilizan parte de sus salarios para contratar ayuda en las tareas del campo y mantener la chacra. Aunque Jorge había criado cerdos y vendido lechones en el pasado, hoy se enfocan en una escala menor, cuidando conejos, gallinas y pollos. Su hijo, Lucas, ha emprendido su propio proyecto, criando 600 pollos parrilleros mientras proyecta estudiar veterinaria.
El futuro de la chacra no se limita a la reproducción del pasado. Jorge sueña con replantar frutales, establecer viñas y maximizar el uso de las acequias para generar producción que puedan vender localmente. La familia también participa en reuniones de agroturismo, explorando nuevas quintas y métodos de uso de abono. “Mi cabeza está en algo lindo”, dice Jorge, reflejando la esperanza en el futuro de su legado familiar.
Fuente: La Nación




