
Negocios turbios. Disputas de poder. Secretos familiares. Así podría describirse la trama de la segunda temporada de la serie Barrabrava, que está disponible desde este viernes en Prime Video. En esta nueva salida a la cancha, la feroz interna entre César (Gastón Pauls) y El Polaco (Matías Mayer) escala a niveles impensados cuando el menor de los hermanos asume el liderazgo de la barra del Club Atlético Libertad del Puerto. “En esta temporada, uno va empezando a entender que pasó entre esos dos hermanos que están enfrentados, qué secretos, qué silencios, qué oscuridades y mentiras hubo en la familia para que César y El Polaco terminen así”, le anticipa Pauls a LA NACIÓN sobre este drama, dirigido por Jesús Braceras y Gabriel Nicoli, que aborda temas como la marginalidad, el poder, la ambición, la traición, la familia, el amor y las adicciones.
Del desafío que significó volver a darle vida al mayor de los Urrutia también hablará el actor. Un rol que no solo le demandó un drástico cambio físico y gestual, sino también escenas más jugadas; esas donde hubo que poner el cuerpo y seguir un entrenamiento especial a la hora de abordarlas. “Yo siempre prefiero las escenas donde hay una conexión emocional, un diálogo, un ida y vuelta emocional. En las peleas o escenas violentas, el físico está puesto al servicio de la escena y a veces es más complejo porque hay algo coreografiado”, confiesa el protagonista de éxitos como Montaña Rusa, Nueve Reinas, y Todos contra Juan que, si bien a lo largo de sus más de tres décadas de trayectoria demostró su gran versatilidad actoral, interpretar a este barra pareciera ser uno de los papeles más intensos, oscuros y demandantes de su carrera.
-César es un personaje muy diferente a todos los que venías interpretando. ¿Qué te hizo decir que sí?
-Primero, dije que sí porque lo conozco a Jesús Braceras, el autor y director de la serie y sé cómo trabaja. De alguna manera, estoy hace un montón de años en el proyecto. Hace como 10 años que hicimos un teaser sobre Barrabrava. En ese momento, nos metimos en una cancha real, en medio de un partido real y grabamos imágenes. Se armó un teaser que, muchos años después, terminó siendo Barrabrava. Cuando me mandaron los guiones de la primera temporada, me parecieron que estaban muy bien escritos, con un arco muy claro y me sumé.
Gastón Pauls adelanta la segunda temporada de Barrabrava
-¿Qué te pasó cuando lo viste en pantalla?
-Yo no tenía dudas de que iba a estar bien pero me sorprendió aún más porque está mejor de lo que yo creía. Técnicamente está bien realizada, bien actuada, es un equipo de gente que logró un trabajo homogéneo, así que cuando apareció la posibilidad de una segunda temporada para todos fue una alegría el poder seguir contando y desarrollando un poco más. Estoy orgulloso de formar parte de un equipo que dejó todo. Hay mucho compromiso con el proyecto.
Gastón Pauls habla del cambio físico que hizo para su personaje en Barrabrava
-¿Qué vamos a ver esta temporada, además de la fuerte rivalidad entre los hermanos Urrutia?
-En esta temporada queríamos que se entienda por qué los personajes son cómo son. Qué pasó en su pasado para que terminen haciendo lo que hacen y caminen por la vida o, se arrastren por la vida, de la manera en que lo hacen. Más allá de que trata de los barrabravas, del fútbol, de la violencia, hay una historia absolutamente humana de una familia que se va desarrollando lentamente. Uno va empezando a entender que pasó entre esos dos hermanos que están enfrentados, qué secretos, qué silencios, qué oscuridades y mentiras hubo en la familia para que César y El Polaco terminen así. Algo que pasa en el 99,9% de las familias (y me incluyo) porque yo creo que todas las familias tienen disfuncionalidades, secretos, y cosas poco claras.
-Este papel te implicó un proceso creativo importante, ya sea desde lo físico y lo gestual hasta la forma de hablar… ¿Cómo fue esa composición?
-En esta segunda temporada, hay un cambio físico más notorio: de peinado, de maquillaje, de peso. César tiene más ojeras y más kilos por cosas que le empiezan a pasar. En la primera temporada, mi personaje consumía drogas, en la segunda no, entonces toda esa ansiedad la tenía que tapar de alguna manera y en mi cabeza, dije: “bueno, comía más”. Así que tuve que subir de peso, engordé como 10 kilos. Los subí rápido pero después no fue tan fácil bajarlos (risas).
Gastón Pauls habla del vínculo con sus hermanos y de la enseñanza de vida que le transmite a sus hijos
-¿Tuvieron la posibilidad de hablar con barras reales o personas del ámbito del fútbol o solo se basaron en los guiones?
-No, no hizo falta. Yo soy fanático de Boca. Voy a la cancha desde que tengo uso de razón, así que conozco ese mundo. Más allá de que nunca estuve dentro de una barrabrava, la serie habla de algo que va más allá. Son personas que no pueden gestionar muy bien sus emociones y eso no tiene que ver con barras, sino con la cuestión humana. Nos cuesta hablar, nos cuesta emocionarnos, nos cuenta mostrar nuestra debilidad y estos hombres (que se consideran muy machos) creen que con una posición o detrás del “yo puedo con todo”, “yo me la banco”, “yo soy el más capo”, “yo le gano a todos”, van a avanzar mejor por la vida. La serie empieza a mostrar que no, empieza a mostrar donde está el quiebre de cada uno, donde está su dolor, lo que no pueden manejar.
-La violencia es uno de los ejes de la serie, ¿cómo abordaste ese tipo de escenas?
-Yo siempre prefiero las escenas donde hay una conexión emocional, un diálogo, un ida y vuelta emocional. En las peleas o escenas violentas, el físico esta puesto al servicio de la escena y, a veces, es más complejo porque hay algo coreografiado. Yo doy una piña, el otro se tiene que correr porque si no se la doy de verdad. Si me van a clavar un cuchillo, tiene que funcionar el cuchillo retráctil entonces no son las escenas favoritas de los actores por lo general. En la Argentina no estamos tan entrenados en hacer escenas de riesgo o de acción, no hubo tanto cine de ese estilo. Hoy estamos entrenando un poco más y hay un equipo de gente que trabaja muy bien de efectos especiales, de contención, de arte, de iluminación para que cuando vos te tengas que tirar a la arena a pelear con el otro gladiador, todo esté en su lugar y todo funcione. Es muy cansador físicamente, terminamos muy cansados, pero el resultado en cámara es espectacular.
-Hablemos de esas escenas que te gustan hacer… ¿Cuál fue la más emotiva o la que más te conmovió?
-Una escena en el capítulo dos que es muy crítica, casi al borde de la explosión. Se encuentran los hermanos en la casa de su madre (Mónica Gonzaga) y ella le dice a El Polaco: “Comé”. Él le dice que no quiere porque se niega a compartir la mesa con César. Ella le vuelve a decir: “Comé” y el personaje come. Esa escena para mí es muy simbólica. Estos dos que se creen machos, que se creen malos, que se creen rebeldes ante el grito de la madre vuelven a la cucha. Además, Mónica está brillante. Cuando uno trabaja con actores generosos, es casi imposible pifiar la nota porque ellos te están marcando lo que tenés que hacer para armar la melodía.
-Hay algunas caras nuevas en esta entrega; entre ellas la de Ciro Martínez (cantante de Los Piojos y Ciro y Los persas). ¿Cómo fue compartir el set con él? ¿Le diste algún consejo?
-Hermoso. No, él es artista; un artista de primer nivel que tiene mucha historia frente al público, frente a las cámaras (por los videos que ha grabado) entonces, lo maneja perfecto. Un músico cuando se para arriba del escenario también está llevando adelante una creación. Me gustó mucho lo que hizo. Hay una escena que tenemos juntos que fue muy simbólica y donde él está muy bien; ya la van a ver. Tenía que entrar a un lugar donde había ocho hombres mirándolo y eso no es fácil. Sobre todo, si la secuencia ya está desarrollándose. Además, con un monólogo larguísimo como el que tuvo él.
-¿Qué te dicen cuando vas a la cancha? ¿Cómo son las repercusiones por parte de los hinchas o de los mismos barras?
-Hay algo que tiene la serie (que lo sé porque soy futbolero) que es que retrata el mundo del fútbol y de los barras impecablemente. Algo que es muy difícil. Es muy difícil contar eso con verdad y esta serie lo logra. Cuando voy a la cancha, todos me dicen: “Me lo creo”. Todos eh, no hay ni una sola persona que me diga lo contrario. Ellos son los verdaderos jueces y si hacés algo berreta, te lo dicen.
-¿Por qué creés que este tipo de series (El marginal, En el Barro, Barrabrava) que hablan de la marginalidad, la violencia, las adicciones atrapan tanto a la audiencia?
-Lamentablemente, todo eso forma parte de la sociedad; a veces una sociedad que no queremos ver. Algunos creen que eso le ocurre a determinadas personas o que los que se drogan son los pobres y no, cada vez le pasa a más gente. Lo sé muy bien como adicto en recuperación y porque trabajo con mi fundación en el asunto. No es algo que esté bajando, sino que están creciendo todos los índices a nivel escandaloso en todo el mundo. La salud mental también es otro tema que se está empezando a tratar en las series: qué nos pasa con los ataques de pánico, con la depresión, con la ansiedad. Es un signo de los tiempos que estamos viviendo la salud mental. En un mundo sano, mentalmente hablando, no podría haber guerra entre países en el siglo XXI. Sigue habiendo asesinatos, sigue habiendo suicidios, sigue habiendo violaciones. Entonces, hay como una necesidad de contar, como se pueda, lo que está pasando en este mundo, que es un mundo psiquiátrico. Barrabrava no intenta romantizar sino mostrar quiénes son esas personas muy señaladas por un sector, aplaudidas por otro sector, utilizadas por otro sector. ¿La política utiliza a los barras? Sí, no lo digo yo, lo sabemos todos. Entonces la serie lo que trata de demostrar es quiénes son esos, que pasó antes y la connivencia que hay de un sistema cómplice: desde los medios de comunicación hasta la policía, los políticos y la justicia.
-La serie aborda este vínculo con idas y vueltas entre los hermanos. ¿Cómo sos vos como hermano? ¿Cómo definirías la relación que tenés con el resto de los Pauls?
-Gracias a Dios tengo una hermosa relación con mi hermano Nico, con mi hermana Anita y con mis otros hermanos más grandes, Alan y Cristian. Hay algo que además siempre le hago repetir a mis hijos desde que son chiquitos y es esto de “Los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera”. En un mundo tan agresivo y con tanta violencia como el de hoy, saber que hay equipo permite, a veces, cerrar la puerta para que no entren las balas o abrirlas para ir a jugar. Y mis hermanos son eso; son mi equipo y así quiero que siga siendo. No sé si hay cosas más importantes que esas al final del día. Está todo bien con nuestros trabajos, con nuestros sueños expresivos artísticos pero si yo a la noche llego y no tengo con quien compartir eso (ya sea una pareja, mis hijos o, en este caso, mis hermanos) de qué sirve. Mi hermano Nico, por ejemplo, es quien más me conoce en la vida. Al final, Martín Fierro tenía razón (risas).
-Ellos también se dedican al arte, ¿Hablan de trabajo? ¿Se aconsejan?
-No, no tanto. Nuestras charlas tienen que ver más con nuestros hijos, con nuestros padres, con la vida, con nuestra historia. En algunos momentos, yo lo aconsejo a Nico o él opina sobre mi trabajo; lo mismo Anita pero nuestro vínculo es más de acompañarnos en cada una de las cosas que hacemos. Si Nico toca, lo voy a ver. Si Ana estrena, la voy a ver. Hoy, por ejemplo, después de acá me voy a la presentación de un libro de Alan. Pero la realidad es que no sé tanto de sus trabajos, se más de lo que les pasa emocionalmente con la vida.
-Hace un rato decías que sos fanático del fútbol, ¿sos de los que un resultado les cambia el humor?
-Sí, hoy vine porque no me quedó otra (risas). Ayer salimos de la proyección y nos fuimos a un bar a tomar algo con todo el equipo y Matías y yo estábamos con el celular mirando Boca (jugó contra Cruzeiro y perdió). Me cambia el humor, sí. Me encantaría que no me pase eh, me encantaría ser un tipo más relajado y que no me importe tanto. Pero no me sale.
Fuente: La Nación




