La testosterona ha pasado de ser un tratamiento médico específico para quienes padecen un déficit hormonal a convertirse en una tendencia en auge en redes sociales. Muchos la ven como una solución para aumentar la energía, mejorar la masa muscular y potenciar el rendimiento físico y sexual, incluso como un medio para frenar el envejecimiento.
Este fenómeno ha provocado un incremento considerable en las consultas médicas, así como el inicio de tratamientos fuera de las indicaciones tradicionales. Según los especialistas consultados, es fundamental no demonizar la testosterona, ya que es una terapia de reemplazo hormonal eficaz cuando se indica adecuadamente.
Sin embargo, el uso de testosterona como un suplemento sin respaldo científico puede presentar riesgos significativos. Recientemente, el debate se intensificó en Estados Unidos, donde se han propuesto medidas para facilitar el acceso a la testosterona en hombres, lo que ha generado controversia sobre los límites de este tratamiento. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, anunció que se realizarán controles anuales a los militares para detectar déficit hormonal y que estos podrán acceder a la terapia si hay una indicación médica.
En Argentina, la testosterona se vende bajo receta archivada y su uso es legal únicamente con indicación médica. Las guías internacionales avalan su utilización en hombres con hipogonadismo confirmado y en mujeres para tratar el trastorno de deseo sexual hipoactivo durante la posmenopausia. Según Ramiro Heredia, médico clínico, el aumento en las consultas se debe en parte a recomendaciones de influencers y entrenadores personales, lo que puede llevar a diagnósticos erróneos.
Heredia enfatiza que es esencial realizar una evaluación clínica completa antes de iniciar cualquier tratamiento hormonal. El uso inadecuado de la testosterona puede acarrear complicaciones cardiovasculares, metabólicas y oncológicas, lo que refuerza la necesidad de un diagnóstico preciso.
Lucrecia Mutti, del Servicio de Endocrinología, señala que la testosterona no es un suplemento, sino una terapia de reemplazo hormonal que debe ser utilizada con cautela, y solo en casos con respaldo científico. Las mujeres, en particular, deben ser evaluadas integralmente antes de considerar cualquier tratamiento.
Nicolás Villasante, jefe de Andrología, destaca que solo un 6% de los hombres presenta hipogonadismo, y que el tratamiento puede mejorar significativamente la calidad de vida en esos casos. Sin embargo, advierte sobre los riesgos asociados al uso inapropiado de testosterona, que incluyen infertilidad y otros efectos adversos.
Desde el ámbito ginecológico, Alejandra Belardo señala que, aunque algunas mujeres reportan mejoras durante el uso de testosterona, estos efectos no han sido consistentemente comprobados en estudios clínicos. Por lo tanto, la indicación debe limitarse a aquellos escenarios que cuenten con respaldo científico.
Fuente: La Nación




