En el corazón de Belgrano, se encuentra un tesoro arquitectónico y natural: el Museo de Arte Español Enrique Larreta. Este recinto, que evoca la esencia de La Alhambra, combina un legado cultural con un jardín único que sorprende tanto a locales como a visitantes.
Un jardín que narra historia
La dirección del museo, Delfina Helguera, destaca que el jardín es un reflejo de su creador, Enrique Larreta, un destacado coleccionista y diplomático argentino. La residencia, construida por el arquitecto Ernesto Bunge en 1886, fue transformada por Larreta en un espacio que recuerda a las casas andaluzas.
La propiedad, que pasó por varias manos antes de llegar a Larreta en 1916, incorpora elementos arquitectónicos de la tradición española, algo inusual en un momento en que muchos en Buenos Aires miraban hacia París.
Inspiración en La Alhambra
El jardín, de diseño anónimo pero atribuido a Larreta, se basa en la tipología del jardín andaluz. Con senderos angostos y setos de boj, se asemeja al Generalife de La Alhambra, incorporando especies como jazmines, naranjos y magnolias, que conviven con plantas típicas del clima local. En su centro destaca la Fuente de los Sapos, rodeada de vegetación que evoca la estética árabe.
Este espacio, que abarca cerca de cinco mil metros cuadrados, busca crear una conexión sensorial con los visitantes. Los colores, sonidos y aromas del jardín invitan a una experiencia de contemplación y goce.
Un ciclo que celebra la diversidad sonora
El ciclo “El Jardín Suena” se ha desarrollado en este entorno natural, ofreciendo presentaciones musicales que buscan armonizar diferentes géneros. Inspirado en la ecología acústica, este ciclo promueve la convivencia de sonidos, así como la integración de artistas de diversas edades y estilos.
Cada sábado, el jardín acoge a un nuevo referente musical, con una programación que incluye géneros como el folklore, rock, pop y jazz, garantizando que cada actuación se complemente con la atmósfera del lugar.
El acceso a este espacio cultural se realiza mediante la entrada al museo, permitiendo una experiencia íntima y enriquecedora para todos los asistentes.
Fuente: La Nación




