Caso García Belsunce: las claves de la fiscalía y la defensa que podrían definir el juicio

El juicio contra Nicolás Pachelo por el asesinato de la socióloga María Marta García Belsunce, ocurrido hace 20 años en el country Carmel de Pilar, llega a su fin. El veredicto se conocerá este viernes y, según trascendió, el único imputado podría ser absuelto.

Ante estas versiones, los fiscales del juicio le exigieron al Tribunal la lectura del sea en la misma sala de audiencias donde se desarrolló el proceso durante cuatro meses, para no vulnerar el derecho de los familiares de la víctima, informaron fuentes judiciales.

Además, la familia García Belsunce apuntó contra el Tribunal que lleva adelante la causa. “Estamos bastante preocupados. Mañana creo que la van a volver a matar a María Marta, una vez más”, aseguró John Hurtig, hermano de María Marta.

Cuáles son los elementos principales que sostienen la Fiscalía y la defensa

¿Qué hizo Nicolás Pachelo el 27 de octubre de 2002?

El vecino del country el Carmel siempre consideró que el 27 de octubre del 2002 fue un “domingo normal”. En una de sus últimas declaraciones ante el tribunal, aseguró que ese día se levantó, desayunó, se fue a jugar al fútbol y por la tarde fue a buscar a su hijo a la casa de un vecino. Regresó a Carmel 17.37, tal como quedó registrado en las cámaras de seguridad. Según él, se bañó y salió a buscar el auto de su mujer, que lo había dejado estacionado en el Club House.

Sin embargo, para la fiscalía Pachelo no fue nunca a buscar el auto de su por entonces esposa, sino que salió de su casa para cometer el robo en la vivienda de García Belsunce.

La imputación del fiscal por la que se basó fue la nueva hora del asesinato de María Marta fijada por un forense alrededor de las 18.30. Ese día se ubicó a Pachelo en Carmel entre las 17.37 y las 18.59, es decir que se retiró 29 minutos después de cometido el homicidio.

El perro “Tom”

La desaparición del labrador negro que María Marta tenía como mascota fue uno de los ejes centrales del juicio. Para la parte acusadora, Pachelo robó el perro “que era como un hijo para el matrimonio Carrascosa-García Belsunce”, según explicó el fiscal Ferrari.

Esto fue señalado también por varios familiares de la víctima, vecinos del Carmel y hasta por una empleada que dijo que la mucama de Pachelo le había dicho que su patrón tenía encerrado al animal en su casa.

Por su parte, la defensa presentó una serie de disketes que contenían tres documentos en los que presuntamente María Marta describía cronológicamente los hechos ligados a la desaparición de Tom y en los cuales no mencionó a Pachelo como su principal sospechoso, sino a los vigiladores.

El “modus operandi”

Se juzgaron una serie de robos que Pachelo cometió entre 2017 y 2018 en distintos countries del conurbano bonaerense, en donde asaltaba viviendas haciendo inteligencia previa para corroborar que sus moradores no estén presentes.

Según la acusación, el vecino de Pilar ingresaba a las viviendas, generalmente los domingos entre las 18 y 19, cuando se producía el cambio de guardia de los empleados de seguridad privada del country y en el horario en que las casas quedaban vacías, ya que sus propietarios regresaban, en su mayoría, a la ciudad de Buenos Aires, luego de pasar el fin de semana.

Para la fiscalía, Pachelo ingresó a lo de María Marta con el propósito de robarle y dentro de la propiedad fue sorprendido por la socióloga, quien lo reconoció, se trenzaron en lucha y terminó matándola de seis disparos.

Mientras que la defensa de Pachelo indicó que ninguno de esos robos fue bajo una modalidad violenta y que en ninguno ingresó con un arma de fuego.

Revólver calibre .32 largo

El arma con la que fue asesinada María Marta jamás fue encontrada, por eso, uno de los ejes del presente juicio para la fiscalía fue demostrar que Pachelo manipuló un revólver .32 largo, mismo calibre con el que fue cometido el crimen en los días previos.

Para ello, los fiscales exhibieron un video grabado con una cámara oculta en 2003 en el que un empleado de la tosquera de la familia Pachelo menciona que había acompañado a Nicolás “a comprar balas calibre .32 largo” a dos locales en Pilar días antes del crimen y que, luego, le había prometido que le iba a dejar el arma para que la tenga por seguridad en la tosquera.

La defensa tiene a su favor que jamás se encontró el arma utilizada en el crimen y sostuvo que no se comprobó durante todo el debate que Pachelo hubiese tenido un revólver calibre .32 largo.

Tres adolescentes que se cruzaron con Pachelo y María Marta

Santiago Asorey, Marcos Cristiani y Pedro Aspiroz Achaval eran tres adolescentes que vieron pasar trotando a Nicolás Pachelo aquella tarde lluviosa de octubre detrás de la socióloga, yendo en la misma dirección, quien regresaba a su casa en bicicleta.

Al declarar como testigo en este nuevo juicio, Aspiroz Achaval, la última persona que vio con vida a la socióloga, aseguró que “primero dobló Pachelo y luego María Marta” y que él no siguió ese camino “porque le tenía miedo” al acusado.

La defensa de Pachelo sostuvo que este testimonio no es claro ya que los tres adolescentes no coinciden en recordar cómo lo vieron a Pachelo vestido y que los lugares donde señalaron haberlo cruzado, no indican que luego su cliente haya ingresado a la vivienda.

¿Preguntó por un crimen cuando se hablaba de accidente?

Los testimonios más fuertes que hubo en el juicio fueron los de dos mozos, Walter Mantovani y Miguel Ángel Monzón, quienes trabajaban en una estación de servicio de Pilar y señalaron que el lunes posterior al crimen, entre las 6 y 7 de la mañana, Pachelo se acercó y les preguntó “si escucharon algo sobre la mujer que mataron ayer en Carmel”, cuando ese día solo se comentaba que la muerte había sido accidental en una bañera.

A su favor, Pachelo añadió por escrito la declaración de su exempleada (fallecida hace unos meses), en la que señaló que siempre se levantaba “entre las 9 y 9.30”, además de unos registros de antenas de telefonía celular que indicaron que la primera vez que activó el teléfono aquel 28 de octubre fue minutos antes de las 8 de la mañana en su casa de Carmel.

Además, los testimonios de empleados de la empresa de seguridad privada Cazadores, encargada en Carmel, aseguraron que durante esa madrugada no lo vieron salir del barrio privado.

Las llamadas a inmobiliarias

Los fiscales añadieron un listado de llamados que Pachelo recibió y realizó los días siguientes al hecho, demostrando que triplicó su actividad con relación a la semana previa al crimen y que la mayoría de esas llamadas eran a inmobiliarias, evidenciando que “quería irse” del Carmel tras el crimen.

La defensa mostró que Pachelo ya venía hablando con distintos agentes inmobiliarios para vender su casa porque quería irse a vivir a la Capital Federal cerca de su madre, Silvia Ryan, ya que, según las palabras del propio imputado, “era padre, tenía tres hijos y toda mi vida en Capital”.

c5n